domingo, 14 de julio de 2013

¿Por qué hablar de inclusión?

Hace unos días, una periodista de El Tiempo me preguntó que por qué consideraba que la inclusión escolar beneficiaba particularmente a mi hijo con Síndrome de Down y a todas las personas con discapacidad. La respuesta fue clara y directa: 

Las grandes transformaciones siempre tendrán lugar en la escuela, donde los niños pueden crecer y aprender juntos, viendo, hablando, jugando, ayudando y construyendo grandes amistades con quienes comparten el salón de clase.  Es allí en donde inicia el primer hilo de la red que se tejerá para perdurar a lo largo de la vida de cada estudiante.

Es en la escuela en donde conocimos todos al gafufo, al gordo, al goleador, al músico, al pintor, al matemático, al poeta, al lento, al rápido, al brillante, al pobre, al rico, con la riqueza social que la diferencia nos ofrece.

La necesidad de convivir es lo que crea
la habilidad y la destreza.
La mejor forma de crecer en habilidades es teniendo como referente el "espejo" de los demás, cuando resuelven los asuntos de su día a día. Y eso sumado a la experiencia colectiva de conocer a gente distinta que nos genera competencias sociales para interactuar de manera natural con cualquier persona en el futuro.

Mi hijo Alejandro nos sorprende cada día con nuevos aprendizajes y comportamientos copiados de sus compañeritos, acordes con su edad, más allá de los temas académicos. Habla de Reggaeton, de películas en cartelera, de Mario Bros, del 10 que sacó en su exposición sobre las fuentes de energía y de su papel en la obra de teatro del curso.

Hoy me pregunto ¿cuál sería su situación, si hubiese crecido en el entorno de la educación especial?
"El derecho a la educación no solo se relaciona con el derecho a aprender, sino, fundamentalmente con el derecho a participar, a ser parte de una comunidad y a tomar parte en la vida social. Y eso pasa gracias a la vida escolar".
 Rafael Pabón.